Introducción:
El Franco apareció un día con la gran idea de salir unos días junto con
nuestros amigos del internado. La idea era terminar la parte de Medicina,
aprovechar unos días durante la semana libre entre internados, y volver con las
pilas recargadas a Pediatría. Claramente, un proyecto estúpido, tan estúpido
que, podría resultar...
Me contacté con mi padre unos días después. Yo sabía que él tenía una de
estas promociones de tiempos compartidos, donde podía pedir unos días en un
resort por una cómoda suma mensual. Claro, al principio parecía una buena idea,
pero en la realidad, cada vez que lo necesitábamos, en los días festivos o de
vacaciones de verano, estaba lleno. Entonces prácticamente no lo ocupábamos. Le
comenté de la idea y tras un par de muñequeos, quedamos en que iban a ser 4
noches, 6 personas. ¿El lugar? un Resort llamado Hippocampus, que está frente a
la costa de Concón. La condición más importante: Solo hombres. Nada de pololas,
amigas, etc. Un viaje de webeo, idioteces y contradicciones propias del género
que ostento con orgullo. Era que no. El 65% de nuestras conversaciones terminaron
siendo sobre mujeres, el resto se dividía en deporte, estupideces y bromas.
Claro ejemplo que ninguno de nosotros podría haber sido mujer (Excepto quizás,
el Rod, pero ese es otro capítulo).
Una vez dicho esto, con Franco empezamos a buscar a los candidatos que
podían acompañarnos al viaje de placer y machosidad. Teníamos varios
candidatos. Al principio estábamos seguros de que el Nacho y el Matías estarían
con nosotros y junto a ellos, poco tiempo después, se incorporó Josué...pero al
poco andar, el Nacho nos comentó que tenía que pasar tiempo con su polola,
también estudiante de medicina, pero que estaba haciendo su internado en otro
hospital, podrán imaginarse lo poco que un interno de medicina ve a su polola,
y menos aun cuando su polola resulta ser una interna de medicina. Como la idea
era no llevar niñas, discutimos la posibilidad de poder ir unos días y luego
partir a los brazos de la dueña de sus pensamientos. Situación similar tenía el
Marco, otro de nuestros amigos candidato, quien no veía a la Doña hace tiempo
(sip, adivinaron. Interna de medicina en otro hospital). Al principio hablamos
de que se intercambiaran en un momento, que uno fuera en los primeros días y el
otro la otra mitad... Pero lo complicado de cambiar las personas en la pieza,
hacer bolsos, deshacer bolsos fue más fuerte... Preferimos dejarle la
oportunidad a gente que fuera todos los días. Así que finalmente, Tomás González
y Rod Naser se nos unieron.
Días antes del viaje, Matías nos contó que el cumpleaños de su madre era
el sábado. Él se incorporaría al viaje el domingo. Además, Josué tenía que
quedarse también, porque su madre fue hospitalizada, así que viajaría con el
Mati y llegarían un día después. Así que quedamos en eso, iríamos desde la casa
de Rod, en el auto de Rod. Cada uno empacó sus cosas y nos decidimos a realizar
este épico encuentro con nosotros mismos, con el alcohol, las conversaciones
banales, los deportes y la amistad. No Homo.
Déjenme contarles un poco sobre la gente de esta historia. Primero que
todo, Franco, el mayor, un hombre soltero que se paseó un añito por
bachillerato en la Chile. Finalmente se decidió a estudiar medicina, dio la PSU
de nuevo y quedó en nuestro curso. El compadre es de la selección de futbol de
medicina USACH, es tremendo deportista y normalmente nos volaba la raja en
cualquier deporte. Su personalidad dual entre un niño, suficientemente infantil
como para seguirnos el juego y su capacidad madura de entender problemas de los
demás y tratar de ayudar, lo hacen un excelente compañero y un amigo muy
cercano. Terminamos diciéndole Scyther (un Pokemon bicho/volador introducido en
la primera generación) porque hacía el sonido característico de este pokemon
para sacarnos una sonrisa.
Rod, apodado finalmente como "mamá", era el responsable, el
consciente, el educado, hasta tierno con nosotros. Lo intentábamos sacar de quicio
cada cierto tiempo, por supuesto que no resultaba. El hombre era la paciencia
con patas. También se ganó el apodo de "Jorgito", en honor a un
paciente de la sala de Tomás el cual, pese a estar con un pronóstico bastante
malo, siempre sonreía y negaba sus síntomas... Siempre se sentía bien, nada le
dolía ni estaba con ahogos. Pese a molestarlo constantemente, Rod mantenía la
calma y la armonía. El viaje hubiese sido un desastre sin él.
Tomás González es un personaje. Probablemente dentro de las historias
que contaré, será de los más mencionados. El tipo es bastante llevado a sus
ideas, persevera, es obstinado y puede sacarte de tus casillas si no lo conoces
bien. Pero lo conocemos bien. Es un tipazo, siempre tras una talla vienen
palabras para suavizarla. El más chucheta del equipo, ponía el tono picante a
las conversaciones, que terminaban siendo de salón. Al final del viaje,
terminamos apodándolo "Alan", en honor al personaje bastante especial
que sale en Hangover (¿Qué pasó ayer?). Su personalidad única nos hizo reír y
disfrutar del viaje en un 100%.
Matías, también apodado "papá" es el clásico ejemplo de un
tipo que está centrado en la vida. Tiene una polola, un lindo auto y una increíble
capacidad para tener la razón. Es de los mejores alumnos del curso. Nos hemos
hecho amigos a lo largo del tiempo, y su lealtad llega a niveles altísimos.
Jamás sería capaz de traicionarte. Pese a que tenía compromisos, viajó igual,
porque ya había hablado con nosotros. Los días que estuvo con nosotros, se la
jugó 100% por el equipo, pese a que, como yo, no íbamos con la idea de conocer
a nadie, sino solo a pasarlo bien.
Josué se merece muchas líneas describiéndolo, un tipo centrado,
simpático, puro de alma y bueno como él solo. Lamentablemente, su participación
en esta historia se limita a intervenciones puntuales, por lo que no ahondaré
en este personaje.
Yo, Mau, soy un tipo con suerte. Agradezco los amigos, la familia y la
polola que tengo. Gracias a todos ellos, puedo escribir esta historia.
Basta con introducciones, empecemos con la estupidez.
Día N° 1.
Partimos el "viaje" con cagadas siquiera antes de empezarlo.
La primera se le atribuye al Tomás. Íbamos a almorzar el Franco, Tomás, Rod y
yo, en la mesa de la familia de Rod, y antes de sentarnos Tomacito botó un
vaso. Nada del otro mundo. No estaba con contenido líquido, no se rompió ni
nada, solo fue chistoso. Una especie de señal de lo que pasaría constantemente
en el futuro.
Una vez ya encaminados, nos pusimos a conversar estupideces... Quizás culpa
de esas conversaciones distractoras pasó lo de la 2° cagada, en donde a todos,
incluyendo a nuestro conductor Rod, se nos olvidó fijarnos en qué parte
teníamos que salir de la carretera para entrar en la Ruta 68. Claro, nos
fijamos, pero recién cuando ya la estábamos pasando. Nos fuimos por la salida
siguiente, y nos dimos 2 vueltas por una villa en medio de la nada para poder
volver a la ruta. Finalmente no era tan complicado, pero nos costó porque una
calle estaba cortada y tuvimos que hacer otra ruta alternativa a la alternativa
para volver al camino. Filo. Lo logramos. Ya estábamos avanzando por la Ruta
que correspondía, hacia nuestro destino.
Así que, con 2 cagadas a cuestas, un Rod inspirado en el manejo, Franco,
el copiloto disfrutando de la música y el camino, TG durmiendo a mi lado y yo,
escribiendo nuestras experiencias en este viaje.
El clima era agradable. Había sol y un cielo despejado hasta donde la
vista alcanzaba a percibir. Al ritmo de Chico Trujillo, pensábamos que mientras
la cosecha de mujeres no se acabase, como sugiere la canción, nosotros seguiríamos
intentando que alguna se enamore de nuestros amigos solteros. Rod metía 6ta, yo
daba indicaciones y Franco bailaba.
Llegamos al Hippocampus... Después de una 3ra cagada en el camino.
Teníamos que entrar por un camino de tierra (no malpensar) y la dudamos. ¿Cómo
rayos un resort iba a estar detrás de un camino de tierra? Nos dimos una vuelta
extra, devolviéndonos por la carretera a intentar de nuevo entrar por algún
lado. Finalmente era por ahí. Elegimos el camino más complicado para ir.
La cosa es que finalmente llegamos. Yo había venido antes, pero de
muchas cosas no me acordaba, o era muy niño para apreciar. Ahora, parecía un
lugar nuevo. Hermoso. Quedamos maravillados con el lugar. Luego del check-in
(donde tuvimos que devolvernos a mirar la patente, porque había que inscribirla)
y avisar que venían 2 personas más al día siguiente, ingresamos al lugar en sí.
Nuestra pieza era un mini departamento. Tenía una cocina, una salita de estar
con una mesa, un sillón-cama y una tele. A un lado, una pieza con 2 camas de 1
plaza y su baño, y al frente una pieza con cama matrimonial y su propio baño
gigante.
Nos instalamos y nos distribuimos, donde yo ocuparía la matrimonial,
Tomás y Franco la pieza con 2 camas y Rod, por ahora, el sillón cama. Éste
tenía una cama debajo, que pasaría a ser usado por Mati o Josué, y Rod se
pasaría a la matrimonial.
Quedamos en recorrer las instalaciones, mirar las canchas y luego ir al
Supermercado. Conocimos los lugares del resort, que incluían desde piscinas, una
cancha de arena para jugar futbol playa, dos canchas de tenis, hasta peluquería
y zona de juegos. La raja.
Tomamos el auto y fuimos al supermercado Santa Isabel, que quedaba como
a 2 Km de nosotros. Rato después de comprar nos dimos cuenta que había un Jumbo
al lado prácticamente, pero cagadas muchas estaban siendo hechas. Filo,
compramos cosas para almorzar, para beber, para el bajón, para el desayuno y
unas hamburguecitas para inaugurar el lugar. Nada del otro mundo, pero si lo
suficiente como para sobrevivir sin problemas.
Claro, nos devolvimos a la habitación, hicimos las hamburguesas y
empezamos a discutir que íbamos a hacer a la noche... Cuando recibimos una
noticia triste. El Josué se nos bajó... El pobre buen hombre tenía que cuidar a
su madre que estaba enfermita en cama, así que como buen hijo tenía que hacerse
cargo de la casa. Eso nos dejó una vacante que intentamos llenar, llamando a
todos nuestros amigos, pero todos y cada uno tenían algún plan. Incluso
pensamos en llamar a mi polola Pilar a ver si podía venir un par de días, pero
dentro de sus trabajos de la práctica y el día del Padre, le fue imposible. Así
que nos quedamos con un espacio, mientras esperábamos a Matías al día
siguiente. Probablemente estuvimos más cómodos 5 que 6, pero lo hubiésemos
pasado bien igual con Josué.
Después de todo el atado de llamar a todos nuestros amigos, fuimos a
jugar Pool. Podíamos llevar algunas cervezas a la sala del Pool, por lo que nos
equipamos bien antes de ir al lugar. Claramente fue un desastre. Si bien todos
habíamos jugado Pool, en una mesa en la casa del Rod, donde incluso me había
destacado, esta vez me destaqué por lo tremendamente malo que era. Cada vez que
echaba la pelota blanca o le pegaba a otra bola que no correspondía, ganabas
"pillos", que básicamente son puntos negativos. Con el Franco (más
por mi culpa que por la del Franco) terminamos como con 100 pillos. Obviamente,
perdimos. No fue solo eso lo terrible, sino que también un momento en donde,
golpear la pelota que correspondía era muy difícil, así que tenía que golpear
la blanca contra el borde y hacerla rebotar hasta la correspondiente. Cuando lo
intenté, boté la bola blanca fuera de la mesa.
Saco como conclusión que cuando la Pili me estaba observando, en la casa
de Rod para su cumpleaños, todo era más fácil. Tenía que impresionar a la
persona que me saca suspiros, cómo no hacerlo bien. Ahora, no di ni la hora.
Derrotado, nos devolvimos a la habitación a planear nuestro próximo movimiento.
Ahora, tengo que hacer un pequeño flashback. En algún momento de la
vida, tuvimos que preguntarle a la Recepcionista (Vanesa, que sacó más de un
suspiro en los solteros del grupo) hasta que hora habían micros, como para ir a
carretear a Reñaca o Viña. Según ella, solo hasta la una de la madrugada se
encontraban con una frecuencia decente. Aparte, aprovechamos de solicitar la
cancha de tenis para las 12 del día siguiente. Dentro del leseo entre el Franco
y TG le preguntaron hasta por los masajes. Fin del flashback.
Como era de esperarse, nos tardamos una eternidad en prepararnos y
terminamos saliendo... 15 minutos antes de la una. No crean que arreglándonos
ni nada, era la flojera de levantar nuestros traseros y caminar a la puerta.
Estábamos de vacaciones. Malditos horarios.
Nos subimos a una micro en pocos minutos, al salir a la avenida
principal. Una cagada que luego aprenderíamos, se nos haría recurrente dentro
de nuestro viaje...
La micro iba a una velocidad cercana a la luz. No bromeo. Compadre, era
viajar en el expreso al infierno. Tampoco la costa era una cosa fácil de
abordar. Muchas curvas, más de las que puede contar el General en el tema “No
me trates de engañar”. El tema es que
llegamos en nada de tiempo a Reñaca. Le pregunté a Tomás en qué lugar
bajarnos, ya que él conocía un poco más de la zona. Me contó que Vanesa le
había dicho que Reñaca no era un buen lugar para carretear en esta época del
año. Mejor idea era seguir hasta Viña. Ya no sé cuantas cagadas llevamos, pero
esta decisión claramente cuenta como una.
No nos bajamos en Reñaca, sino que en Viña, cerca del casino, donde se
supone que hay más vida nocturna. Y así parecía... Varias luces, algunos Pubs
en el camino, gente moviéndose por las calles... De verdad lo intentamos. Entramos
a un Pub, que se veía el más prendido, algo como Alacazam, Albacora,
Alcatráz... Algo así. Había Karaoke, mucha gente, pero la graaaaan mayoría,
personas de 35 años o más. Además, los precios no eran muy baratos. No era un
lugar para universitarios. Ya que no íbamos a conocer a nadie en ese lugar, nos
fuimos sin pedir siquiera un vaso de agua.
Seguimos recorriendo Viña, llegando al mismo casino. ¿Podremos entrar?
No, hay que pagar una entrada... Ah, no, es del otro tipo, ese donde entran no
más y ahí se puede gastar plata. Rod echó luca a una tragaperra. Por supuesto,
perdimos. Nada entretenido pasó, ni siquiera contacto visual con nadie. En un
momento, vimos gente entrando a un salón, pero era una fiesta privada. FAIL.
Al final nos fuimos a la casa. Nos dio hambre. Si, sobrios y sin ninguna
historia entretenida que contar. Caminamos al paradero, donde estuvimos con la
esperanza de que a algún micrero se le hubiese olvidado su reloj en la casa, y
que a las 2:50 fuese a darse una vuelta por la avenida principal. Por supuesto,
ninguna micro pasó. Esperamos 40 min. Pasamos frio. Con hambre y frío, hicimos una
imbecilidad más. No nos pueden juzgar, cualquiera hubiese cometido el error que
nos condujo a una de nuestras aventuras más peligrosas.
Apareció finalmente un colectivo con un letrero que decía Concón. La
verdad es que habíamos preguntado antes a otros colectivos, pero nos dijeron que
nadie iba a Concón. Bueno, este compadre si. Era un hombre de mediana edad, con
una señora gordita en el asiento de al lado. Le preguntamos cuanto cobraba por
llevarnos... 2 lucas cada uno. Razonable. El cuento era que estaba esta señora,
no nos podíamos subirnos los 4 en el colectivo. Excepto que si pudimos. El
chofer nos dijo que nos apretáramos en el asiento trasero, que nos llevaba a la
puerta de la casa. Nos subimos al colectivo, los 4 en el asiento de atrás, como
pudimos, y partimos hacia nuestro destino.
El enfermo se fue a 120 Km por hora. En ciudad. En la costanera, en las curvas,
en todos lados. Se fue echo una bala. Era más rápido aún que la micro, que se
vino a la velocidad de la luz. Tuvimos real miedo, cuando en vez de esperar la
luz verde en un semáforo para doblar, tomamos un camino más corto pasando por
una bomba de bencina. Rod dice: "Los quiero cabros" Yo digo:
"caballeros, ha sido un gusto combatir con ustedes". Más adelante, al
ver que esto solo empeoraba, Franco TG y yo nos tomamos de las manos. Gracias a
Dios había una patrulla en el camino a Concón, por lo que en la parte con más
curvas, nos fuimos un poco, un poquiiiiiito más despacio. Finalmente, nos
devolvimos las últimas 4 cuadras caminando. A penas entendimos donde estábamos,
nos bajamos del colectivo del infierno y decidimos que era más seguro caminar
por barrios que no conocíamos a seguir un segundo más arriba de esa máquina. ¿Mencioné
acaso la actitud de cocainómano del compadre? Probablemente no. Su tos
convulsiva y sus miradas de loco nos obligaron a al menos plantear la
posibilidad de la existencia de cocaína en su cuerpo. También agregaré el dato
de la música. Las cumbias villeras le daban a la situación un toque de ironía,
como que la vida se reía de nosotros mientras nos decía adios, con canciones
sobre situaciones indecorosas que no pasaron y una vida que se extinguía a cada
segundo.
Finalmente, dentro de los aposentos del Resort, nos tranquilizamos.
Fuimos a nuestra habitación, comimos papas fritas de bolsa, conversamos un
rato, nos tomamos un combinado con el Rod, conversamos un rato.
Franco se fue a dormir. Después lo siguió TG. Finalmente Rod y yo
decidimos decir buenas noches. Bastantes aventuras por un día. Se venían muchas
cagadas más para el domingo, la llegada del Mati, el tenis y todo lo que el
Resort nos podía ofrecer.
Fin del Día 1

Faltan dias!
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