sábado, 24 de julio de 2010

Reflexión

Hoy no es un día de risas. No voy a jugar a enseñarles. Hoy, un compañero, un amigo, nos dejó para buscar su camino en otro mundo. No soy el indicado para escribir sobre él. No fui el más cercano. No me preocupé de lo que le pasaba. No fui lo suficientemente cercano como para saber de sus razones.
Ayer, con Sprohnle, después de estar tocando un rato fuera del pabellón de anato, fuimos a comer a un quiosco de ciencias. Luego íbamos hacia la cancha que estaba fuera de la Universidad. En el camino, cerca del kiosco donde venden las pizza hut, nos encontramos con la Sandra. Ella nos felicitó, porque (en mi caso al menos) era la primera vez que nos escuchaba tocar. Fue bastante emotivo. El Emilio estaba detrás, en el kiosco. Nos despedimos de él, y nos deseó buenas vacaciones. Le deseamos la misma suerte... Y nos dimos cuenta de que no nos habíamos despedido de nadie. Como nos pusimos a tocar, no le dijimos adiós a mucha gente, no le deseamos descanso, felicidad, relajo a muchísima gente... Sin embargo, Emilio si lo hizo. Él se despidió de nosotros, y tuvimos la suerte de despedirnos de él. Creo que hablo por ambos, que nunca pensamos que sería para siempre.
Emilio tenía algo más que enseñarme antes de irse. Su gesto, para muchos pasajero, trivial, fue una revelación. Me pude despedir de él. Pero pudo no ser. Pude haber pasado de largo, sin decirle adiós. Sin desearle suerte. Pude haber dejado que siguiera su camino sin siquiera haberlo visto. Gracias, por poder decirte adiós. Gracias, compañero.
Creo que no podemos seguir ignorando esta situación. La vida, es tan pasajera, que en un segundo, ese, de quien no alcanzaste a despedirte ya no está. El Emilio, fue uno de las dos personas de las que me despedí. Hoy se, que nunca más me iré de un lugar, sin despedirme de la gente. Sin darles un abrazo, un apretón de manos, una palabra de aliento, un beso en la mejilla. Porque somos tan frágiles, y nos creemos inmortales. Porque no caemos en la cuenta de que no somos eternos. Porque mañana puedo no estar.
Lamento de lo más profundo de mi corazón lo que pasó. La muerte, nos acompañará siempre compañeros, ya sea de un paciente, de un colega, de un familiar o de un amigo. Gracias Emilio. Que encuentres lo que buscas, donde estés. Suerte en tu viaje.

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